viernes 8 de julio de 2011

El asco y la suerte

Hermosas, sin duda.

Debo confesar que a diario me regocijo. Con las más blancas de las intenciones. Hay regocijo.

Son hermosas sin duda.

Me siento y las contemplo. Las oigo, las veo, les sonrío.

Como que los entendería, pero no.

Repulsion. No, esa no es la palabra. Vergüenza, lástima, píedad, ira, cansancio. Tampoco.

Son el sol, significan una constante de vida, luz, seguridad. A veces de insoportables, a veces no se desea, a veces molesta en los ojos, o cuando se anda con resaca. Son como la conciencia. Finalmente, se anhela su presencia.

Pero los soles tienen enemigos. Unos que no las entienden. No, las entienden y no las aceptan. Otros que se refugian en la luna. Allá por donde se guarda la envidia. Por dentro, donde fermenta el rencor. El mismo que embriaga la violencia que brota por los egos heridos, lacerados.

El asco, ese del vómito cuando ya no puedes más el resentimiento.

Son demasiado hermosas, no puedes seguir a su lado.

Por ello, maltrato.

La suerte de tenerlas cerca.

Me siento y las contemplo. Las veo, las oigo, les sonrío.

A veces me enojo

Espero que todo salga bien

A veces pienso que no deberían ser así de hermosas.

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