Dentro de todas las áreas del conocimiento
humano es patente que una de las temáticas unificadoras más recurrentes y
debatidas es la aparición y mantención evolutiva de las relaciones sociales. Evidencia
antiquísima de colaboraciones interdisciplinarias en el entendimiento y
aprovechamiento de este fenómeno desde la ciencia pueden ejemplificarse desde
lo más abstracto, como las matemáticas y la lingüística hasta aplicaciones
utilitaristas dentro de las diversas especializaciones de la ingeniería.
El motivo de esta tendencia probablemente está
enraizada en la compulsión humana por aprehender para sí todos los hechos que
es capaz de percibir. Es por esto que siendo las relaciones humanas una parte
ineludible del contexto cotidiano del desarrollo de la vida humana es
fácilmente comprensible el interés en tratar de sintetizar los diversos
aspectos del fenómeno a partir de las distintas luminarias del saber.
Pero de entre la totalidad de preguntas[1] de las cuales se ha
descompuesto el problema de las relaciones humanas debo confesar que encuentro
particularmente interesante a aquellas que circulan alrededor del
fenómeno de la diversidad sexual en los seres humanos, especialmente
aquellas preguntas formuladas desde una perspectiva antropológica e integrada
en los márgenes contemporáneos de la teoría evolutiva.
Interesantes, si. No sólo porque es un
tema absolutamente abierto a los debates más airados, más emocionales, más
integrativos de las caretas morales, políticas, sociales, religiosas,
científicas y artísticas de cada quien que otorgue una opinión al respecto -lo
cual admito me produce un infinito morbo por observar la ilimitada cantidad de
respuestas (in)verosímiles que los seres humanos son capaces de producir-. Sino
que esta misma influencia cultural en cada opinión posee profundas
consecuencias en los interpretaciones científicas que se tengan de los datos
recogidos desde la empírea, por lo cual es posible afirmar, como bien decía
Gould, que la biología es una disciplina científica y, como tal, es propensa a
ser utilizada frecuentemente como un arma de lucha social por cualquier sector
social.
Agregar también que el interés también
proviene desde quien opina que el territorio de la sexualidad es gravitante en
relación al cuestionamiento del modo de organización de las sociedades y,
especialmente, en como transformaciones
en las definiciones de roles sexuales como roles de género inherentes a la
mentalidad de los individuos pueden generar una cascada de transformaciones en
una serie de definiciones culturales anexas. Así por explicitarlo, puede ud
lector considerarlo como una versión análoga al fenómeno del "hitchinking" genético, en el
cual se estima que durante el proceso de recombinación genes aledaños al gen
recombinado serán arrastrados a la recombinación junto a él, lo cual implica
que no sólo los genes "seleccionados" toman parte de los procesos
evolutivos, sino que también está el azar jugando un rol muy importante en la
herencia genética hacia los descendientes.
Realizando este préstamo de concepto, al
hablar de un posible hitchinking cultural es también prudente incluir el
término de “exaptación” dentro de este discurso. Consideraremos la definición
de exaptación cultural como aquel
carácter presente en la actualidad en una o varias especies que no poseen
funcionalidad aparente, sino que están más bien relacionadas a antiguas
funciones que ya no adaptativas o bien al concepto de “by products” o caracteres presentes en los organismos que no
poseen ninguna función utilitaria directa
sino que se encuentran presentes por acarreo genético, siendo
considerada su utilidad como una función indirecta a la adaptación: son un
reservorio de posibles caracteres adaptativos relacionados a cambios
ambientales y/o representan una malla de contención para los efectos deletéreos
del azar en genes adaptativos en el contexto presente de los organismos.
Hago explícita la utilización de estos
términos para su posterior aplicación
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